El Yin y el Yang en Nuestras Vidas

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Ha llegado el Verano y se nota la evidente diferencia con todas las otras épocas del año: hace más calor y de a poco se siente la sequedad que empieza a instalarse al menos en la zona central de nuestro país.

Pero no es solo eso, los días son más largos con un sol que se mantiene por más tiempo en el cenit y con atardeceres que duran más, las noches son más cortas y cálidas, comenzamos a sentirnos más activos, no queremos estar tanto tiempo en casa y nuestra rutina comienza a parecerse más a la que hay en el trópico, hay más ganas de pasarlo bien, queremos salir y disfrutar compartiendo con amigos y familia, usamos ropas livianas y disfrutamos de más actividades al aire libre.

Por otra parte, las plantas se “dan cuenta” (desde su propio nivel de conciencia) de la fase en la que estamos y estallan de la forma que más nos salta a la vista: la floración, que en una siguiente etapa darán frutos y semillas, cuando el Verano ya esté instalado. Es en esta época en que también los animales buscan aparearse, procurando prolongar la especie.

También se vienen importantes celebraciones como son la Navidad y el término de un año que da paso al nuevo, festejos que tienen entre uno y otro solo una semana de diferencia, y que junto a las actividades propias de una fiesta, éstas en particular aparecen cargadas de muchas emociones relacionadas con sentimientos fuertes en las personas, como es familia, amor, esperanza, expectativa, reunión.

Estos cambios no son sólo porque sí y es que según la filosofía China estamos frente a una de las tantas manifestaciones de un ciclo constante, que ellos pudieron plasmar al desarrollar una explicación sólo observando los fenómenos naturales, tanto de su entorno como de sí mismos: ésta es la Teoría del Yin Yang.

TABLA 1: Ejemplos de Yin Yang

 

Como estos ejemplos podríamos citar un sinnúmero de otros más, lo que no tiene que ver con el objetivo de estas reflexiones, sin embargo nos detendremos brevemente en un aspecto interesante y que tiene que ver con la luminosidad de los días y la extensión de las noches a lo largo del año. Desde este punto de vista podríamos decir que el Yang llegará a su máxima expresión alrededor del 21 de diciembre, lo que en el calendario solar conocemos como Solsticio de Verano, y que entre otras cosas da cuenta de los días más largos del año, mientras que por defecto viviremos las noches más cortas. Lo contrario ocurrirá en torno al 21 de junio, días en los que definimos el comienzo del Invierno el que se abre desde el solsticio correspondiente y en el que podemos hablar de una preponderancia del Yin en cuanto a la cantidad de horas de ausencia de luz y cantidad de luminosidad en las horas del día.

¿Te has detenido alguna vez a observar la gráfica del Yin Yang?, seguro te has percatado que en cada uno siempre está el germen del otro dando a entender que aún en el momento de máxima expresión de alguno de ellos, se encuentra la semilla del otro, lista para germinar y continuar con el ciclo, y gracias a que también existen fuerzas “facilitadoras” es que se produce el cambio de una fase a la otra, pues si esto no sucediera así, ya no habría más continuidad y por lo tanto, tampoco más vida. Si extrapolamos esta transición a las estaciones, podemos decir que esto ocurre en Primavera y Otoño, en las que su partida está dada por los Equinoccios.

Así podemos entender las estaciones del año como un permanente movimiento, sin interrupción, coherente y hasta cierto punto predecible, como un proceso de cambios continuos que van generándose unos desde otros, sin interrupción, sin líneas divisorias, como una danza circular sin fin. De esta manera estas estaciones, que en general se separan solo por un tema práctico en 4, se manifiestan en un gran ciclo anual que la mayoría de las veces consta de 365 días.

Otro ejemplo concreto podría ser lo que sucede en el mundo vegetal, que a modo didáctico podríamos partir con las plantas que dan semillas y cuando éstas caen al suelo quedan a la espera de las condiciones adecuadas para su germinación y transformación en una nueva planta adulta que volverá a florecer, a dar frutos y semillas, manteniendo el ciclo (En algunos casos pueden ser años de espera, como ocurre en épocas de sequía extrema como en nuestro desierto, o cuando hay intervención humana para la guarda de semillas, donde éstas no mueren, si no que mantienen el germen de la vida latente)

Si todo lo expuesto lo aterrizamos a la vida humana veremos como la Teoría Yin Yang también explica cambios que se dan a nivel emocional en nosotros. Haciendo un parangón con el citado reino vegetal, podríamos decir que mientras las plantas se encuentran en su máxima expresión en la temporada Primavera-Verano, los seres humanos también somos influenciados por la corriente Yang propia de esta época, experimentado cambios que pueden ser expresados como florecimiento, apertura hacia el exterior, expansión, igual que una flor, igual que la madera de un árbol; estamos más chispeantes y así como una flor atrae a distintos polinizadores, nosotros nos vemos más atractivos para otras y otros; entonces no es casual que la Primavera tenga fama de ser la estación del amor.

En cambio en el Invierno, época de contracción y reserva, vemos una naturaleza que pierde exuberancia, algunas especies vegetales, las de temporada, “mueren”, otras permanecen en estados de latencia o hibernación, los árboles de hojas caducas se desprenden de su follaje, y toda la vida manifestada tiende a su mínima expresión, entrando en un silencio vital. Por nuestra parte, los humanos tendemos a guardarnos en nuestras casas, nos movemos menos, cambiamos nuestra alimentación en busca de alimentos más calóricos, tomamos menos agua, nos enamoramos menos, nos movemos menos mientras que nuestro cuerpo se encarga de mantener una temperatura adecuada exigiéndose más en la producción de calor. Estamos por ende en una fase más Yin.

Ahora aterricemos el ciclo Yin Yang a la escala diaria. Nos encontramos con el día y la noche que también cumplen la premisa del fluir continuo sucediéndose uno después del otro, o mas bien naciendo uno desde el otro en un proceso sin cortes drásticos. En la biología humana también hay ciclos relacionados con la luz y su declinación, los llamados Ciclos Circadianos. Un ejemplo de esto es lo que pasa a nivel endocrino con los niveles plasmáticos de Cortisol y Melatonina. El primero, hormona de la vigilia que alcanza sus máximos niveles con el aumento de la luz azul propia del medio día, y que va bajando conforme va subiendo la segunda que sería la hormona del buen dormir. Entonces así como cualquier animal diurno, el ser humano tiene horas de actividad en el día y de descanso en la noche. Comemos para que todos nuestros sistemas funcionen (etapa catabólica de nuestro cuerpo), y dejamos de comer en el ocaso para que nuestra biología esté abocada a reparar y restaurar lo necesario para volver a funcionar al día siguiente (etapa anabólica). Nuevamente podemos citar un ejemplo endocrinológico, a saber el ritmo circadiano de la Hormona del Crecimiento (Somatrotofina o HGH) esencial en todos los procesos de formación de tejidos, asimilación de aminoácidos y síntesis de proteínas, producción de sangre, entre otros, cuyo peak se produce en la fase de sueño profundo. En cuanto al Yin Yang, el primero puede homologarse con el descanso, la quietud, el silencio, la oscuridad, y en el cuerpo humano con la estructura (tejidos, sangre, órganos); el segundo tiene que ver con la actividad, el movimiento, la expresión, el dinamismo, la luz, la función de los sistemas biológicos. Entonces las influencia del día en nosotros son más Yang si la comparamos con la de la noche, donde todo es más Yin.

Después de lo reflexionado y volviendo a la estación de Verano en nuestro hemisferio Sur con las festividades mencionadas; entonces cabe preguntarse, ¿es importante para nosotros prestar atención a los ciclos de la naturaleza ? ¿podría el hecho de tener rutinas distintas a lo que dicta nuestro entorno enfermarnos? ¿de qué podemos enfermar con mayor frecuencia? y por lo tanto, ¿cómo debemos cuidarnos para prevenir dichas enfermedades?

Según la Medicina China, es esencial alinearse con estos ciclos para preservar la vida y mantenerla en buenas condiciones, así seremos personas más sanas y más felices, capaces de conectar los procesos biológicos propios con procesos de mayor escala en armonía, logrando expresar el vasto potencial de vida que como seres humanos poseemos. En otras palabras, podríamos decir que mientras más nos alejamos de los ritmos naturales, más posibilidades tenemos de enfermar, entendiendo que una enfermedad es la manifestación de un desequilibrio de nuestro cuerpo.

Para demostrar la importancia de los ciclos que acá describimos y hacer un nexo entre el mundo oriental y occidental, queremos compartir una breve entrevista, donde se discute sobre uno de los descubrimientos más importante del último tiempo y que además es motivo del Premio Nobel en Medicina del presente año (2017). Se trata de el primer descubrimiento de los “engranajes moleculares” que trabajan en los Ciclos Circadianos y nuestro Reloj Biológico.

De una teoría a un hecho comprobado en el mundo científico:

Como dice el Tao, somos seres inmersos en la naturaleza, y como tales vivimos bajo la influencia eterna del Cielo y la Tierra.

Autores / Paulo Canales y Paola Jacob